Todo comienza con la falta de la menstruación. A priori, crees que es un común retraso, te pones en seguida a rememorar los días, cuenta que te cuenta, calculadora en mano, agenda, mmmm, los números no cierran, el retraso está confirmado y lógicamente… aparece la gran incógnita: ¿estaré embarazada?
Realmente, incluso cuando tomas todas las medidas necesarias, un retraso siempre te hace sospechar y nunca estás segura, con píldoras anticonceptivas, con la conocida cuenta de los días, nada importa, tienes pareja y un retraso en la menstruación te hace ilusionar.
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Esos días me pasaba algo en el cuerpo, mi esposo notaba que dormía mucho, que estaba como cansada, mi actividad diaria se veía afectada por un estado que no era propio en mí. Por otra parte, mi cabeza no descansaba no paraba de pensar, pasaban los días. De repente, de la noche a la mañana mi talla de sujetador parecía oprimirme, me dolían los pechos, era distinto a cuando se tiene un poco de inflamación premenstrual, cada vez estaba más convencida, pero dudosa necesitaba una confirmación profesional.
En esos primeros días, con retraso, síntomas raros en mi cuerpo y con la necesidad de despejar “dudas”, no lo pensé más. Tuve la gran idea de aferrarme al ordenador en mi puesto de trabajo, como siempre, pero esta vez me coloqué en la barra de Google y escribí: "síntomas de embarazo". Empecé a leer y a leer, me pasaba de la ventana abierta con mis tareas cotidianas de trabajo a las ventanas que realmente me tenían atrapada en esos momentos, la búsqueda de una confirmación, saber si ciertamente comenzaba en mí la espera de un bebé. Aparentemente mantenía la calma, nadie notaba mi situación, eso creía yo, mi esposo me veía rara, alguna amiga me hizo la típica broma de ¿estarás embarazada?. Para colmo un día en el trabajo el tema giró alrededor de las preñadas del departamento que ya hoy son madres, y por supuesto, esta vez la protagonista era yo… Cada mañana estaba más convencida. Las búsquedas en Google ya no me satisfacían, tenía unas ganas locas de “conocer la noticia” sin que estuviera presente ninguna duda. Había aprendido que el diagnóstico del embarazo pasa por un test, por la detección de los niveles de una hormona, la (HCG) o Gonadotropina Coriónica Humana (me costó pronunciar la palabrita), que se detecta en la orina a partir de los 6 días después de la primera falta de la menstruación.
Ya le había puesto fecha, era fin de semana y dije: basta, ¡el lunes me hago la prueba! En anteriores días estuve tentada a entrar en una farmacia, pero no tenía sentido, era demasiado pronto. Llegó el gran día, fuimos mi esposo y yo a comprar el test, vaya, ¡por fin! …, pero mi nerviosismo y ansiedad tropezaron con la sencilla técnica requerida para la prueba, ¡que torpeza por Dios!, en la tirita del aparatejo debía yo dejar caer mi orina por espacio de cinco segundos, pero no pude, apenas se humedeció con unas gotas. Pasados unos tres minutos (ni siquiera había mirado un reloj), apareció la raya indicativa del positivo en el Test (si aparece pintada una rayita morada es positivo y si no aparece, es negativo) ¡pero faltaba una raya! sí, la denominada marca de control, es una segunda rayita que se debía dibujar en la pantallita del aparato, nada, que estaba pagando mi inexperiencia..., entonces todas las dudas se acumularon de golpe, y me puse a llorar. Encontré consuelo en el hombro de mi marido que estaba tan nervioso como yo.
Definitivamente me fuí al centro de salud con mi médico, me indicó una
prueba (¡otra más!), y en poco minutos la enferma me decía: _"bueno, para mi es positivo, ...aunque el color de la línea no es muy intenso, ...me gustaría repetir la prueba a la mañana al despertarte, ¿qué te parece?". OHHH NOOO! , pensé, no puedo más, esto ya es el colmo!, yo lo sé, lo sé!, ¡¡¡Estoy embarazada!!!..., no hubo caso y para mayor tranquilidad, a la mañana siguiente me realizaba el último test indicado por la enfermera. Ya está, apareció la confirmación absoluta de algo tan natural que ya mi cuerpo y mis instintos me habían anunciado. Con la bendición de Dios, Voy a ser mamá.